15 enero 2007

Pena de muerte

Parece que últimamente se ha puesto de moda esto de ejecutar a criminales en Irak. Y eso me ha hecho pensar en el clásico debate sobre la pena de muerte. Y –dejando de lado cuestiones meramente éticas- en si sirve de algo o no.

Como Abogado, creo en la Justicia y en la necesidad de Justicia. El sistema penal debe ser eficaz, y una de sus funciones primordiales es prevenir el crimen. Evitar los delitos antes de que estos tengan lugar. Cuando estuve viviendo en Texas, mis amigos republicanos de por ahí me justificaban la pena de muerte con el mismo argumento con que justificaban la tenencia libre de armas: Que sirven para evitar que el delito tenga lugar.

En teoría, si tienes pena de muerte en un Estado, reducirás el crimen porque los delincuentes tendrán miedo de morir y se portarán bien. Esa era, al menos, la tesis que me ofrecían mis amigos.

La realidad, lamentablemente, nos ofrece otro punto de vista. De hecho, mi respuesta inmediata a mis fogosas amistades tejanas era: “Si eso fuera cierto, Texas sería el lugar más seguro del mundo para vivir; y no es así. Es todo lo contrario”.

Resulta curioso que en un lugar donde existe tanto la pena de muerte (incluso para discapacitados psíquicos) como la tenencia libre de armas, los delitos presenten niveles estratosféricos. Unas estadísticas para mostrarlo: La población reclusa de Texas es nada menos que cuatro veces mayor que la española.

Y no hablo de población reclusa total (como Texas es mayor que España, puede tener más habitantes). Hablo de población reclusa por cada 100.000 habitantes (es decir, poniendo ambos lugares al mismo nivel estadístico).

Por cada criminal en la cárcel que hay en España, Texas tiene 4. Por cada delito por el que se ha condenado a alguien en España, en Texas hay 4.

No me parece que sea el paraíso de la seguridad. Y España no es precisamente el país europeo con menos población reclusa. De hecho, estamos a la cola en este sentido. Si se compara Texas, por ejemplo, con Francia, la distancia puede llegar a ser hasta 6 veces mayor (fuente, “Atlas de Le Monde Diplomatique”).

Así que la pena de muerte no sólo no asusta a los criminales, sino que tiene el efecto totalmente opuesto: Hace que haya más delitos.

Otras estadísticas lo demuestran. Por ejemplo, en España ha habido periodos históricos en los que tuvimos pena de muerte. Y, curiosamente, en estos periodos los delitos de sangre (con violencia, para entendernos) no sólo no disminuyeron sino que incluso aumentaron.

¿Por qué? Porque el criminal no tiene nada que perder. Si le van a condenar a muerte, pues por lo menos mejor disparar primero y preguntar después. Así puedes tener la suerte de que no haya testigos y de que nadie te pueda mandar a la silla eléctrica. Es un poco el efecto “de perdidos, al río”.

Lo que hace que el principal argumento para defender la pena de muerte se desmorone.

Ello por no mencionar que siempre puede haber errores judiciales (y, de hecho, los hay más a menudo de lo que pensamos). No sé vosotr@s, pero yo prefiero que si se van a equivocar al condenarme, se equivoquen con una pena de prisión que con una de muerte. La primera, la pueden corregir hasta cierto punto. La segunda no tiene remedio.

En el fondo, siempre he preferido que haya cien criminales en la calle a que haya un solo inocente en la cárcel. Así que imaginad lo que pienso sobre ejecutar a ese inocente.

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6 Comments:

Blogger Mary said...

¡Gracias por la infomación sobre el gerundio! ¡Estoy impresionada por tu lista de idiomas!

Cita del blog:

En teoría, si tienes pena de muerte en un Estado, reducirás el crimen porque los delincuentes tendrán miedo de morir y se portarán bien. Esa era, al menos, la tesis que me ofrecían mis amigos.

La realidad, lamentablemente, nos ofrece otro punto de vista.

Fin de la cita.

Estoy de acuerdo en todo lo que dices en tu entrada salvo en un matiz. En la cita anterior yo cambiaría el "lamentablemente" por "afortunadamente". Si el argumento fuera cierto posiblemente la pena de muerte estaría mucho más extendida.

3/21/2007 5:15 p. m.  
Anonymous Fabián Plaza said...

Pues tienes razón. Aunque me he expresado mal. En realidad quería decir "lamentablemente para la validez de la argumentación de mis amigos tejanos".

Por supuesto, estoy de acuerdo con tu punto de vista.

Me alegro de haberte ayudado. ¡Y gracias por la visita!

Bienvenida a DTuC ;)

Un abrazo.

3/21/2007 5:17 p. m.  
Blogger Antonio Ramos said...

Tú que eres abogado. Cómo bien sabes en España (al menos) no se cumplen más de 20 años de privación de libertad. Esto hace que algunos delincuentes opinen que "después del primer fiambre todos los demás te salen gratis". Me parece repugnante esta situación ¿puedes plantear alguna solución? ¿0 estás de acuerdo en que se cumpla lo mismo por ocho que por ochenta?.
Saludos cordiales.

10/27/2007 2:32 p. m.  
Blogger Antonio Ramos said...

¡Ah! se me olvidaba.

No puedo estar de acuerdo en que "en España ha habido periodos históricos en los que tuvimos pena de muerte", puesto que ha existido pena de muerte ininterrumpidamente hasta 1995. Incluso actualmente sigue vigente en la constitución Art. 15.
Y mucho menos en la siguiente afirmación " Y, curiosamente, en estos periodos los delitos de sangre (con violencia, para entendernos) no sólo no disminuyeron sino que incluso aumentaron".
1º porque sólo ha habido un período en el que ha existido la pena de muerte, desde el principio de los tiempos hasta 1978 en que se abolió salvo para delitos del Código de Justicia Militar o en caso de Guerra.
2º desde ese momento (1978) han aumentado en porcentaje elevado los delitos con violencia. Por ejemplo en terrorismo, por ejemplo contra las mujeres, por ejemplo en crímenes horripilantes como el de Sandra Palos.
Otra cosa es estar o no a favor de la pena de muerte, pero las cosas como son.
Saludos cordiales.

10/27/2007 3:07 p. m.  
Blogger Fabián Plaza Miranda said...

Un saludo.

Sobre los periodos de pena de muerte y las variaciones estadísticas, ya te buscaré los datos concretos entre mis apuntes cuando vuelva por Barcelona, que ahora no los tengo a mano.

La situación penal que tenemos, cumplimiento máximo de 20 años de condena, es la mejor de las posibles. O, si lo prefieres, la menos mala.

¿Qué prefieres? ¿Pena de muerte? Te aseguro que no sirve para desincentivar la comisión de delitos. Mira los países de la Tierra que tienen pena de muerte, mira su población reclusa, mira su índice de delitos, mira cuántos de esos delitos son de sangre. Los países donde hay pena de muerte no son ni mucho menos paraísos de la paz y la seguridad. Algún ejemplo discutible hay, como Japón (que habría que mirar bien, porque no es la pena de muerte lo que desincentiva la delincuencia, sino los valores confucianos), pero en general es como digo.

¿Cadena perpetua? El mandato constitucional de orientar las penas hacia la reinserción se va al garete. Aunque igual crees que la reinserción no es posible y que, por ello, deberíamos volver al sistema de mazmorras medievales. Que, a menos que yo vaya errado, no fue tampoco muy práctico como desincentivador de los delincuentes.

¿Aumentar las penas, sin más? Yo dudo que la mejor idea para combatir el delito sea meter a alguien en un olvidadero durante el periodo de tiempo que sea, sin hacer nada más. “Si yo no veo al problema, el problema no me verá a mí”. Además, ¿para qué delitos aumentas la pena? ¿Para todos? ¿Sólo algunos? ¿Cuáles? ¿Por qué ésos y no otros? ¿Cuánto subimos las penas para que “funcione”?

En mi opinión, para evitar la delincuencia (que, en el fondo, es de lo que se trata) el sistema penal no basta. Y toda solución que se centre exclusivamente en el sistema penal está condenada al fracaso.

Lo que hace falta es combinar el sistema penal con: 1) Medidas de prevención, tanto educativas como sociales en general. 2) Medidas de reinserción, que le hagan ver al delincuente que hay un futuro más allá del delito.

Castigar por castigar nos va a dejar donde estamos, por mucho que ampliemos las penas o decidamos cortar manos, extirpar ojos, o deportar a Santa Elena.

El sistema punitivo, por sí solo, no elimina los delitos. Nunca lo ha hecho y, por sí solo, nunca lo hará.

Ello por no mencionar el aspecto moral de que no tenemos derecho a juzgar a alguien sin tener en consideración el entorno en que ha vivido. Entorno en que, por un capricho del azar, le ha tocado vivir. Si a mí, con mi mismo código genético, mis mismas habilidades y mi mismo potencial, me hubiera tocado nacer en una barriada marginal, de una madre prostituta, de un padre heroinómano y con un hermano pandillero, algo me dice que yo no habría acabado siendo Licenciado en Derecho. Y hablamos del mismo Fabián “en potencia”.

Así que recordemos que lo que verdaderamente nos empuja en un sentido o en otro son las circunstancias que nos han tocado en suerte. ¿Queremos acabar con el delito? Cambiemos las circunstancias. Ellas tienen la culpa de que haya delincuentes.

Fabián

P.D.: Bienvenido al blog. ;)

10/28/2007 9:46 a. m.  
Blogger Ramon Lluis said...

Fabián, creo que te dejas llevar un poco por tus convicciones (algo más que lícito cuando escribes en tu blog ;)

Pero no puedes (o creo que no puedes) publicar una frase como:

"Así que la pena de muerte no sólo no asusta a los criminales, sino que tiene el efecto totalmente opuesto: Hace que haya más delitos."

habiendo escrito anteriormente que en Texas existe la pena de muerte así como una como la tenencia libre de armas. De la misma manera que pones en un mismo nivel estadístico a Texas y a España en lo que refiere a reclusos por cada 100.000 habitantes, deberías buscar dos ejemplos con contextos mucho más similares (tenencia de armas, pobreza, educación ... ) para realizar una comparación un poco más real sobre la utilidad o no de la pena de muerte.

Lo que es innegable es que la tenencia libre de armas tampoco ayuda para nada a la prevención del crimen, solo incita a que la gente se tome su justicia por su mano, pero aun así creo que tu comparación entre Texas y España para intentar determinar la utilidad o no utilidad de la pena de muerte no es demasiado acertada ;)

Saludos

1/18/2010 3:43 p. m.  

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